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Corría el año 1972 cuando Aquilino llegó a Vallecas después de un largo periplo en diferentes puestos en la hostelería en la que se inició a los 12 años.

El local era una taberna típica de los años 70 y a la que poco tiempo le comenzó a dar el carácter típico de un mesón en el que servían raciones de todo tipo, en esa época se destacó por vender gran cantidad de raciones de oreja a la plancha, por lo que se le ocurrió decorar el techo del local con más de 2500 orejas de cerdo. Por esa época Aquilino se valía de su instinto y los consejos de su esposa Josefina y su madre, la abuela Irene , para defenderse en la cocina, ya que era un campo desconocido para él.

Pero la ambición de progreso no se detenía en la mente de Aquilino y fué imponiendo su principal filosofía, la apuesta por la calidad y la devoción por la limpieza y ese típico mesón se comenzó a transformar en una casa de comidas y poco después año 1982 y tras una ampliación dio el salto para convertirse en un restaurante.

Aquilino pudo dar rienda suelta a otras de sus aficiones, las antigüedades, las cuales están repartidas por todo el local incluyendo verdaderas piezas de museo como un organillo de más de 100 años de antigüedad y verdaderas colecciones de planchas, balanzas, llaves, etc.

Aquilino se centró en su labor en la cocina con lo que fue mejorando y ampliando su carta y comenzaron a llegar sus hijos a los que inició en el oficio, los cuales siguen ahora a las riendas del negocio.

Su fama se extendió y una segunda ampliación le dio una capacidad para 90 comensales, año 1993 que le daba la configuración al local actual, en el que la principal protagonista es la cocina la cual se puede observar desde el mismo momento en el que se entra por la puerta.

Debido a la demanda especial de algunos clientes poco después se completó con dos  salones privados para algunas  empresas y clientes con necesidades especiales.